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Asumiendo responsabilidades

Uno de los principales aspectos de ir creciendo y haciéndose mayores es el de asumir cada vez más autonomía.

Ir aprendiendo a hacer las cosas, a ser independientes y a no necesitar siempre de los demás hace que, tanto niños como adolescentes, se sientan orgullosos de ir ganando parcelas de libertad y autosuficiencia. Pero también es importante transmitirles que esa autonomía conlleva una serie de responsabilidades hacia ellos mismos, hacia las personas que les rodean y hacia el planeta.

La responsabilidad hacia ellos mismos es fundamental. Cuidar de su salud, de su higiene, de su alimentación, etcétera. También deben de ser responsables con las personas que les rodean. Su familia, sus compañeros de clase, sus amigos… A medida que se hacen mayores, tienen que aprender a compartir, a respetar, a ser justos, a tratar a todo el mundo con igualdad y a ser solidarios, entre otras muchas cosas. Esa forma de actuar les permitirá pertenecer, contribuir y colaborar con los que quieren, ya sea en familia, con sus amigos, o en clase y convertirse en  personas íntegras, comprometidas y respetuosas. Y también deben aprender a trabajar en equipo, ya que hoy más que nunca, es fundamental y una responsabilidad hacia nuestra sociedad y con el planeta en el que vivimos.


Con el tema de la responsabilidad los adolescentes no siempre encuentran el equilibrio adecuado. En la mayoría de ocasiones, como es lógico, quieren más libertad y autonomía cada año que pasa, pero en algunos casos las responsabilidades que asumen no se corresponden con las demandas que piden. Como suele suceder en estos casos, ni son lo suficientemente mayores para unas cosas, ni lo suficientemente pequeños para otras…

Una de las negociaciones más importantes en estas edades son los horarios y las normas de casa. A qué hora pueden marcharse para ver sus amigos, cuándo tienen que volver, si pueden traer amigos o no a dormir a casa, si ellos pueden quedarse a comer o a dormir en casa de otros, etcétera. Lo ideal es que se dialogue entre padres e hijos, que se establezcan unas normas según el sentido común y la madurez de cada chico y que se les “exija” responsabilidad en su comportamiento. A qué edad pueden o no salir depende en última instancia de tu criterio, pero no te dejes influir por “lo que hacen los demás” porque ese argumento puede ser falso. Si tienes dudas, habla con los padres de los amigos de tu hijo. Será una gran inversión para, entre todos, cotejar versiones, conoceros y estar de acuerdo como grupo.

Pase lo que pase, los adolescentes son responsables de mantener al tanto a sus padres, para que estos puedan estar tranquilos y saber dónde se encuentran y qué están haciendo. No se trata de inmiscuirse en su privacidad. Son normas básicas de convivencia en familia, con amigos o en sociedad, que los adultos también tenemos que respetar para vivir en orden y armonía los unos con los otros.

Además de la gestión del tiempo, la lista de responsabilidades a estas edades sigue creciendo. Higiene personal, cuidado de su ropa y sus objetos personales, limpieza del cuarto, colaboración en las tareas del hogar, estudiar, realizar los deberes… La vida puede ser un “listado interminable” de responsabilidades. El objetivo es que las entienda no como una carga de tareas infinitas, si no como una enumeración de acciones que, si se responsabilizan a cumplir, les harán la vida mucho más fácil, organizada y satisfactoria.

De 0 a 3 y de 3 a 6 años
De 6 a 12 años
De 12 a 16 y de 16 a 18 años

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