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Comer bien para crecer bien

“Somos lo que comemos” y la alimentación es fundamental e importantísima en nuestra vida. Una dieta saludable y equilibrada nos ayuda a tener el peso adecuado, así como la energía y los nutrientes necesarios para aguantar el ritmo y las exigencias del día a día. Comer bien desde la infancia es crucial porque esa rutina establece unos hábitos alimenticios que, en el futuro, servirán para proporcionar estabilidad y prevenir posibles riesgos de salud.

De manera normal hacemos un mínimo de tres comidas al día, los 365 días del año, durante toda nuestra vida. Si dedicamos tiempo a organizar la agenda de actividades semanales, es también una gran idea darle un espacio a la dieta y a la compra semanal. Planificar nos evita improvisar y ese “pequeño esfuerzo” de pensar en qué comprar y los menús es una maravillosa inversión en la salud de toda la familia. Además el tiempo para cocinar en familia, incluyendo a los peques siempre que sea posible, añade un plus de calidad en la alimentación que es especialmente importante cuando hay niños.


Si hasta llegada la adolescencia los conflictos con la comida, por regla general, no suelen ir más allá de no llevar una dieta lo suficientemente variada, o no querer probar según qué tipo de alimentos o platos, a partir de entonces la situación puede complicarse y generar relaciones más complejas.

Además de repercutir en nuestra salud, nuestra dieta alimenticia y los productos que consumimos a diario tienen una gran influencia en nuestro peso -junto con la actividad física que realizamos y también, en ocasiones, con cuestiones genéticas-.

Por ello, en la adolescencia, que es la etapa de la vida en la que todos solemos sentirnos más vulnerables, ya que se está formando la personalidad y la autoestima, el aspecto físico es decisivo y este, lamentablemente, en muchas ocasiones depende de estar delgados.

Por este motivo muchos jóvenes buscan un “peso ideal” no teniendo en cuenta su salud, sino su aspecto físico. Y para ello, en casos extremos, son capaces de generarse a sí mismos desórdenes alimenticios, algunos muy peligrosos, y que pueden desembocar en enfermedades como la anorexia o la bulimia, dejando de comer por completo o provocándose la expulsión de lo ingerido tras comer de forma compulsiva.

Para no llegar hasta cuadros tan complejos, es muy importante hacerles ver -junto con el pediatra o el médico de cabecera si es necesario-, que más importante que su aspecto físico, es su salud. Y que para cuidarla hay que tener una alimentación variada y equilibrada. Si cuidan su dieta como es debido y realizan ejercicio físico de forma habitual, su peso será el adecuado para su edad. Que no tengan ninguna duda. Hay que propiciar una buena relación con el hecho de comer y erradicar desórdenes alimenticios de cualquier tipo.

Recordar, por último, que el momento de la comida es un excelente espacio no solo un espacio para la adquisición de hábitos saludables respecto a la alimentación, si no también un entorno tranquilo para poder compartir y dialogar en familia.

De 0 a 3 y de 3 a 6 años
De 6 a 12 años
De 12 a 16 y de 16 a 18 años

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