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¿Cómo gestionar el uso del móvil? ¿Cuándo se lo doy?

El teléfono móvil es una realidad que forma parte de nuestro día a día, y que está presente en nuestras vidas en todo momento. Por ello, si se han convertido en algo fundamental para nosotros, no debería extrañarnos que también se haya colado por completo en la vida de los niños y adolescentes, aunque a veces nos sorprenda y pueda resultarnos molesto e incluso amenazador.

En cualquier caso, de nada sirve apartarlos mediante decisiones impuestas de las nuevas tecnologías porque sería contraproducente y porque, nos guste o no, son nativos digitales y no entienden el mundo sin ellas. En realidad, somos nosotros los que nacimos fuera de esta nueva era, mientras que ellos van a estar rodeados toda su vida de aparatos móviles y acceso a datos e información que cambiará su visión del mundo, del conocimiento, del arte, de… ¡todo! Y ante esto, no nos queda otra alternativa que ser positivos: ayudándoles a entenderlo, a dosificarlo, a incorporar lo mejor que conlleva y a aprender a huir de lo peor.


Entre los 12 y los 18 años no siempre es fácil entender a los hijos ni comprender su forma de pensar. Pero si una cosa tienen clara todos los padres de los adolescentes es que el smartphone es su manera de comunicarse con el mundo, y que hay que llegar a un entendimiento entre las tres partes -padres, chicos y el uso del móvil-, para que esta tecnología nos ofrezca su lado más positivo.

Los psicólogos recomiendan que la edad indicada para tener el primer smartphone debería ser entre los 12 y los 14 años, momento en que se inicia la pubertad o adolescencia, y que ciertas aplicaciones como WhatsApp o diversas redes sociales no sean utilizadas antes de los 15 o 16 años.

Para los jóvenes los móviles son su forma de socializar, ya sea a través de Instagram, Snapchat o Whatsapp. Pero no se puede estar socializando todo el tiempo a través del teléfono porque llegaría un momento en el que daría la sensación de que es como si tuviéramos invitados siempre en casa, o como si los niños no estuviera con nosotros sino en otro lugar. Es muy importante que resituemos el teléfono como elemento de comunicación y amistad, pero compartido con el tiempo de relación y comunicación con la familia, que también es importante a esta edad, aunque los adolescentes parezcan dejarla un poco de lado. Lo ideal sería crear momentos y zonas libres de móviles y todos en casa deberán respetarlas sin excepción (adultos incluidos, dando ejemplo de coherencia).

Hay estudios que indican que casi el 80% de los jóvenes admite revisar sus notificaciones en el móvil cada hora como mínimo; y el 72% asegura sentir la necesidad de responder de forma inmediata a los mensajes de texto, mensajes a través de las redes sociales u otras notificaciones. No hay que echarse las manos a la cabeza. Los adultos también estamos en porcentajes muy similares. Pero a su edad eso significa que el móvil les está robando capacidad de focalizar y concentrarse, algo de por sí ya difícil para ellos. Por tanto no queda otra que apartarlos cuando haya algo importante que hacer (y esta observación es también válida para los adultos).

Otro tema es el uso del móvil como premio (comprar el último modelo) o como castigo (por su retirada) cuando las cosas no funcionan como queremos. “Sin móvil” es la condena preferida de muchas familias con hijos de adolescentes, porque saben que dan donde más les duele. Pero estas imposiciones y normas estrictas pueden provocar el efecto contrario y situarnos en una posición no demasiado buena. No es que tengamos nada en contra de fijar límites, muy necesarios en todos los ámbitos de la vida, ni de que el resultado consista en una limitación de los privilegios, pero en determinadas ocasiones deberíamos ser más creativos.

Si lo que queremos es que pasen más horas haciendo actividad física o relacionándose con la familia y siempre están con el móvil, habrá que hacerles ver que restringir su uso es la única solución. Y si necesitan concentrarse y cumplir con sus tareas, lo adecuado será retirarlo durante unas horas para que hagan lo que deben sin despistes. Es terrible ver a la gente más enganchada a su móvil que a la fiesta o reunión a la que están asistiendo, ¿verdad? ¿Queremos esto para nuestros hijos? La respuesta es no. Por lo que tendréis que ayudarles a aprender que tiene que haber tiempo para todo. Para hacerse un “selfie” y compartirlo si, pero también para dejar aparcado el smartphone y ser más fuertes que ese pequeño aparato. Les hará sentir poderosos a la larga y a ti, un adulto responsable con la educación de tu hijo.

De 0 a 3 y de 3 a 6 años
De 6 a 12 años
De 12 a 16 y de 16 a 18 años

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