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Cuando todo es ¡NO!

Una sola palabra y… ¡cuánto significado encierra! Porque el NO reafirma la posición de los niños en el mundo, su capacidad de pensar y también de decidir qué quieren o no.

Autoafirmación en los pequeños, rebeldía en los mayores, el NO puede llegar a generar situaciones conflictivas que, con  tacto y una serie de estrategias adecuadas, podemos solucionar.

Las normas sirven como guía para la conducta de cada miembro de la familia -estableciendo los límites que no se deben transgredir- proporcionan al niño una guía para comportarse, así como una base para predecir y anticipar la conducta de los demás. Ordenan el ambiente, lo hacen coherente y aportan seguridad.

Las normas deben ser estables, no cambiar en función de los estados de ánimo de los padres/madres o cuidadores. Es muy importante que los/as adultos responsables estén de acuerdo en las pautas educativas. Si no es así, los niños/as y adolescentes se confundirán.

Los límites no son sinónimo de castigo sino de enseñanza, marcan lo que se espera de nosotros, además, ayudan a los niños a asumir el control de su comportamiento (ajustándolo en función de las respuestas que reciben o de las consecuencias de sus actos) y les enseñan a ser responsables.


De los 2 a los 3 años, aunque puede empezar incluso antes, la etapa del NO es una fase clásica en los niños, que cada uno vive con diferente intensidad en función de su personalidad o de sus necesidades en el momento. En ésta es totalmente normal que puedan enfadarse o coger rabietas, sobre todo porque no tienen las herramientas suficientes para poder expresar mejor cómo se sienten o lo qué quieren.

Hay que entender que no lo hacen por llevar la contraria “porque sí”, sino que es una forma de aprender a ser ellos mismos, forjar su personalidad y tantear los límites de su mundo. Están probando hasta dónde pueden llegar y cuáles son las normas establecidas. También pueden obcecarse en el NO cuando están cansados, frustrados o cuando necesitan una atención extra por nuestra parte.

Además con el NO se dan cuenta de que son personas distintas a sus padres y que con esta palabra tan poderosa pueden reafirmar su voluntad y su personalidad única. Y aunque esto no significa que tengan que salirse con la suya siempre, podemos dejarles margen para ser ellos mismos dándoles opciones de participar en determinadas situaciones como cuando, por ejemplo, tienen que vestirse, calzarse,…  Eso sí, como adultos vamos a tener que armarnos de paciencia y, si sus NOS terminan en rabietas, darles tiempo para que se calmen y explicarles tranquilamente por qué lo que plantean no es posible.

También deberemos observar si sus NOS se deben a un exceso de normas o reglas, ante las que su forma de protestar es la negación, o si nosotros también estamos constantemente diciendo a todo que NO y ellos nos imitan a su manera. Si este es el caso tendremos que buscar soluciones, partiendo siempre de la base de que los NOS que son por su seguridad y el respeto hacia los demás son inamovibles. Buscando además diferentes maneras de exponer nuestras negativas, transmitiendo siempre en positivo, como por ejemplo en lugar de decir “No te subas al árbol” optar por “Si te subes al árbol puedes caerte y hacerte mucho daño”. Así los NOS  serán menos NO y aprenderán que no todo es blanco o negro, algo muy propio de su edad, si no que hay toda una escala de grises ante ambos extremos.

De 0 a 3 y de 3 a 6 años
De 6 a 12 años
De 12 a 16 y de 16 a 18 años

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