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Adolescentes alegres y optimistas. Educando la actitud

Nuestro carácter, nuestra forma de ser, pensar y actuar, consiste en una combinación de diferentes variables como son la parte genética -heredada de nuestra familia-, la educación que hemos recibido y las experiencias que vivimos de niños y jóvenes. Todo ello va marcando nuestra forma de ver la vida y de comportarnos e, independientemente de cual sea el resultado, es un hecho que ser alegre y optimista ante la vida, y con las personas que nos rodean, es algo que nos hace parecer más seguros e interesantes hacia los demás, y que está al alcance de todos ya que, con independencia de cómo sea nuestro carácter “de base”, es un tema de educación de la actitud.

Las personas contentas y optimistas transmiten sensaciones muy positivas: felicidad, seguridad, pasión, sensación de que todo se puede llevar a cabo… ¡Hagamos que los niños sean así! Para ello debemos mostrarles desde muy pequeños que la vida es un regalo, que tenemos que estar contentos, disfrutarla al máximo, y relativizar los problemas que no sean importantes, ya que casi todo tiene solución, y con alegría y optimismo las cosas salen mucho mejor.


La adolescencia es como una montaña rusa. Las hormonas están alteradas, la vida puede ser a veces un gran reto, las relaciones son cada vez más complejas, y las obligaciones van en aumento. Hay días en que los jóvenes pueden sentirse eufóricos y otros en los que se encuentran confundidos, tristes o incluso pesimistas.  Pero no hay que alarmarse porque este comportamiento entra dentro de la normalidad.

Por nuestra parte, como adultos, debemos acompañarles en esos momentos y explicarles que es normal que en ocasiones no se sientan bien, pero que tienen que intentar ver siempre la botella medio llena. La vida es maravillosa, un regalo muy especial que debemos disfrutar y aprovechar al máximo.

Si están contentos y muestran una actitud positiva hacia sus padres, sus compañeros, sus profesores y la vida en general, se darán cuenta que la energía que transmiten sólo les aportará cosas buenas y positivas. Y con esa energía, su alegría y su humor podrán hacer frente a todos los retos que se les presenten, ayudar y compartir con todas las personas que lo necesiten y  convertirse en adultos seguros y comprometidos con la sociedad y con el planeta en el que viven.

La mayoría de ocasiones, ningún problema es tan difícil de solucionar, ninguna discusión o malentendido tan complicado de aclarar, ni ningún objetivo tan imposible de alcanzar. Hay que animarles a sentirse seguros, optimistas y felices. En su mano está conseguir todo lo que se propongan: aprender en el colegio, descubrir su vocación, disfrutar con sus amigos, compartir con su familia… Sólo tenemos que estar atentos ante una posible temporada más larga e inusual de mal humor o de tristeza continuada, ya que la depresión es una patología que también puede afectar a los adolescentes.

La comunicación a estas edades se vuelve fundamental y muy importante, ya que si sienten que pueden contar con alguien con quien hablar de sus problemas sin que les diga que no tienen importancia y comprendiéndoles, al menos, lo vivirán mejor. No es extraño pasar por períodos más “oscuros” en los que busquen su lugar en el mundo y el sentido y propósito de su propia existencia. Pero si ves que estos se alargan demasiado, y te sientes impotente, puedes recurrir a ayuda profesional, porque puede que la necesiten pero, sin duda, haber recibido una educación que valora la alegría de vivir siempre será un punto positivo para poder empezar a superarlo.

De 0 a 3 años y de 3 a 6 años
De 6 a 12 años
De 12 a 16 y de 16 a 18 años

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