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Educar en la misma dirección

A la hora de educar, es muy importante tener en cuenta que dividir los roles familiares entre el bueno y el malo no es lo más adecuado, ni una estrategia positiva, ni mucho menos efectiva. Que uno se convierta siempre en el permisivo y otro en el estricto es un “juego” que no es justo para nadie y que, además, tampoco se corresponde con la realidad.

En el mundo real y cotidiano las cosas no suelen ser siempre blanco o negro y, según nuestro estado de ánimo o las circunstancias, unas veces, unos u otros, podremos optar por ceder y otras por no transigir, sin que los papeles estén establecidos ni sean de nadie en concreto. Y en este equilibrio está el punto intermedio.

Es conveniente tener en cuenta que los niños deben aprender a aceptar que no siempre conseguirán lo que quieren y también a tolerar la frustración, y que esto no es malo para ellos sino un aprendizaje vital, ya que si no tendremos a niños, y en el futuro adolescentes, que no aceptarán los límites, ni las responsabilidades.

Por el contrario si el estilo de crianza es demasiado estricto y autoritario, hasta el extremo de lo rígido, y decidimos siempre por ellos, sin dar explicaciones más allá del “porque yo lo digo” los niños optarán, seguramente, por adoptar una actitud temerosa o por mentir y hacer las cosas a escondidas.

 Y si nos alternamos el rol, en unos u otros temas, estaremos generando confusión y creando a “pequeños tiranos” que sabrán cómo “ganarse al aliado” que sirva a sus propósitos aunque se trate de algo que no les convenga en absoluto.

De 0 a 3, de 3 a 6 y de 6 a 12 años
De 12 a 16 y de 16 a 18 años