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Educar siempre en positivo

Como padres, una de las tareas más difíciles e importantes que se debe afrontar largo de la infancia y adolescencia es educar a los hijos para que se conviertan en personas íntegras, comprometidas, felices y respetuosas.

Se trata, sobre todo, de tomar como referencia valores adecuados, aplicar el sentido común y ser constantes, mezclando amor, cariño y atención con firmeza y autoridad. Aunque a priori pueda parecer complicado, combinando todos ellos según sea necesario, se puede obtener casi la seguridad para conseguir que los niños y adolescentes crezcan felices y sean felices y, el día de mañana, adultos comprometidos y responsables.


Llegada la adolescencia parece que los niños no nos escuchan con la misma atención que lo hacían cuando eran pequeños. Es este sentido hay que estar muy atentos porque siguen necesitando igual o más nuestro cuidado y nuestros consejos, y que continuemos educándoles como cuando eran pequeños.

Es evidente que su personalidad está más formada y que cuentan ya con un carácter propio y una forma de ver las cosas. Hay que aceptar que en ocasiones congeniaremos más y en otras no compartiremos los mismos puntos de vista o maneras de vivir la vida. Debemos tratar de entenderles y, aunque no estemos de acuerdo con ellos, tratarles siempre con respeto y pedirles que ellos también lo hagan. Y lo más importante: seguir recordándoles valores básicos como la educación, el esfuerzo, el respeto, el compromiso, etcétera.

No compararles nunca con sus hermanos, primos o compañeros de clase es fundamental. Cada persona es única y tiene sus ritmos, su talento y su forma de trabajar. Hay que animarles a que se esfuercen siempre y felicitarles cuando se lo merezcan, sin medir los éxitos por el baremo de sus amigos o de la sociedad. De esta forma, valorarán que estamos a su lado incondicionalmente, prestando atención a sus intereses y a su circunstancia personal.

Y, por supuesto, es muy importante para educar en positivo hacerles valorar las pequeñas cosas del día a día: un desayuno todos juntos en familia, quedar para escuchar música con sus amigos, acompañar a dar un paseo a sus abuelos… En una sociedad de consumo en la que prima el valor de las cosas, cada vez somos más conscientes que más importante que lo que tenemos es lo que somos. Lo material se pierde pero nuestra esencia nos acompaña siempre. Por ello, como padres, hay que animarles a ser la “mejor versión” de la persona que son.

De 0 a 3 y de 3 a 6 años
De 6 a 12 años
De 12 a 16 y de 16 a 18 años

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