Top

¿Elegimos a sus amigos?

Cuando nuestros hijos nacen se incorporan a nuestra familia, nuestro estilo de vida -el cual también varía ante un acontecimiento tan importante como su llegada- y a nuestro círculo de amistades con sus respectivos niños y niñas. Así, desde muy temprano, comienza el proceso de socialización. Aprender a vivir entre iguales, buscando afinidades, superando conflictos y, en definitiva, creciendo también gracias a los demás, como seres sociales que somos.


Conforme van creciendo nuestras amistades pasan a ser también las suyas convirtiéndose, en muchas ocasiones, en protagonistas absolutos de los encuentros divertidos, las cenas de verano, las excursiones… junto a aquellos que forman parte de nuestro círculo más cercano y que también se convierten en adultos referentes en sus vidas tanto para lo bueno como para lo no tanto.

Y aún es más sencillo si tu círculo de amigos tiene hijos e hijas de la misma edad, aunque siempre hay que tener en cuenta que puede que no conecten y se lleven tan bien como nosotros. Esto no tiene por qué ser malo porque les proporciona la oportunidad en una situación más compleja de socializar, lo cual es también un aprendizaje importante para la vida. Si bien es verdad que, si no hay sintonía de ningún tipo entre ellos, puede que se produzca un distanciamiento entre los adultos, algo parecido a cuando incorporas una pareja que no les gusta a tus amigos pero en versión infantil.

Y si se llevan bien, perfecto, porque añaden primeras relaciones de confianza que están al margen de su círculo escolar pues viven en otros lugares, van a otros centros distintos, desarrollan actividades diferentes… Eso sí, en estos casos hay una serie de reglas no escritas que no se pueden perder de vista: jamás comparar ni entre ellos, ni sus notas, ni sus colegios, ni si lo que los demás eligen para sus hijos es mejor o peor que lo que has elegido tú. Y tener cuidado a la hora de reñir o criticar a los hijos de los demás porque puede que se convierta un punto de desencuentro definitivo. Otra cosa es que tú te quedes al cargo y, por seguridad, toque reñir, porque en esta situación debe prevalecer tu sentido común y tu criterio.

Y si se dan conflictos lo más conveniente, siempre que sea posible, será dejar que los resuelvan entre ellos sin que interfiramos los adultos porque a ellos, al final, se les pasa y nosotros puede que terminemos disgustados.

Cabe decir que, también puede suceder, vuestros hijos os hagan establecer nuevas relaciones. Si con quien se sienten más a gusto son sus amigos -del colegio o de otro entorno- es posible que comencéis a encontraros con ellos y abriros así a una amistad con personas con las que quizás no tengáis mucho en común y en donde lo que os une son vuestros hijos e hijas. Esos encuentros con compañeros de deporte, con sus mejores amigos de clase, por cumpleaños o por cualquier otra celebración, hará que los que os “acopléis” a su elección seáis vosotros y, quizás, con estupendos resultados. Claro que todo también dependerá de que adultos y niños os llevéis bien, porque lo uno sin lo otro tampoco termina de funcionar.

De 0 a 3 años
De 3 a 6 años
De 6 a 12 años
De 12 a 16 años
De 16 a 18 años

Valora esta publicación

Promedio 5 / 5. 2