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Habla con tus hijos. Cómo negociar con ellos y enseñarles a hacerlo

La forma de hablar a los hijos varía por completo cuando estos son pequeños a cuando se convierten en adolescentes. Siempre, tengan la edad que tengan, es importante dirigirse a ellos con calma y de forma tranquila. Tanto si tenemos algo por lo que reprenderles, como para felicitarles por su buen comportamiento, etc… lo mejor es adoptar una actitud relajada, para poder expresarnos con claridad, ya que la exaltación, los gritos, o un tono recriminatorio y acusador, no son las mejores opciones de comunicación.

Además, hay que hacerles ver la importancia que tiene el lenguaje para los seres humanos, ya que es una de las herramientas más valiosas que tenemos para expresar nuestros sentimientos, compartir pensamientos o estados de ánimo, mostrar opiniones, enfadarnos, perdonarnos… No debemos dejar nunca de utilizarlo con cariño y con mimo, buscando siempre las palabras y el tono adecuado para querer, perdonar, pedir perdón o resolver cualquier conflicto.


En esta etapa los chicos hablan por Whatsapp, se envían mensajes de voz, se comunican por Hangouts, conversan por Snachapp y comparten vídeos y fotografías… Están más conectados de lo que nunca antes lo había estado una generación de jóvenes. Pero, a veces, cara a cara es complicado iniciar un diálogo con ellos.

Han crecido en la era digital, con móviles, tablets y ordenadores; por este motivo, no siempre es fácil para ellos la comunicación oral, si es que alguna vez fue sencillo hablar con los padres. Pero no por eso podemos, ni debemos, dejar de hablar. Hay que buscar momentos para que nos cuenten de su día a día, sobre cómo se encuentran, del colegio o el instituto, sobre qué hacen cuando salen con sus amigos… y para decirnos también que nos queremos, y que ese cariño, y el amor mutuo que sentimos, estará ahí siempre y es la base de nuestra relación.

La privacidad a estas edades es muy importante y, por supuesto, sería inocente pensar que van compartir con nosotros todo lo que les suceda. Por ello, para intentar que se abran un poco, podemos comenzar contándoles cómo era la escuela cuando éramos adolescentes, anécdotas de nuestros amigos, de nuestras salidas… Aunque les suenen a “batallitas”, también se darán cuenta que, a pesar de los años que nos separan, les entendemos.

A su vez, también es importante que participen de la vida familiar, les salga o no de forma espontánea. Hay que buscar espacios para tener temas de los que hablar, aunque sea viendo una película, las noticias o comentando cosas que nos llegan de nuestra familia o amigos. No pueden quedarse callados. Y si comparten y se “abren” de forma genuina, debemos felicitarles y valorar lo que dicen, apreciando sus pasos hacia la madurez.

En cualquier caso, hay tres modalidades de comunicación que debemos intentar evitar:

  1. El sermón. Ya que desconectarán a poco que te alargues en tu conversación, sobre todo si no les interesa lo que oyen. Intenta ser breve, claro y conciso.
  2. El ultimátum.  No funciona y no es la mejor forma de dialogar. Intenta ser diplomático y llegar siempre a un acuerdo.
  3. El trato infantil. A tus ojos quizás es aún pequeño, pero él o ella no se sienten así. Y, aunque no lo creas, son capaces de razonar y negociar si encuentras el momento emocional ideal y ambos ponéis de vuestra parte. Se trata de encontrar fórmulas en las que los dos salgáis ganando. Ofrecer alternativas y saber a qué no vas a renunciar y qué puedes tolerar. Ya que ese “ganamos todos” es la única manera de resolver conflictos.
De 0 a 3 y de 3 a 6 años
De 6 a 12 y 12 a 16 años
De 16 a 18 años

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