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Habla con tus hijos. Cómo negociar con ellos y enseñarles a hacerlo

La forma de hablar a los hijos varía por completo cuando estos son pequeños a cuando se convierten en adolescentes. Siempre, tengan la edad que tengan, es importante dirigirse a ellos con calma y de forma tranquila. Tanto si tenemos algo por lo que reprenderles, como para felicitarles por su buen comportamiento, etc… lo mejor es adoptar una actitud relajada, para poder expresarnos con claridad, ya que la exaltación, los gritos, o un tono recriminatorio y acusador, no son las mejores opciones de comunicación.

Además, hay que hacerles ver la importancia que tiene el lenguaje para los seres humanos, ya que es una de las herramientas más valiosas que tenemos para expresar nuestros sentimientos, compartir pensamientos o estados de ánimo, mostrar opiniones, enfadarnos, perdonarnos… No debemos dejar nunca de utilizarlo con cariño y con mimo, buscando siempre las palabras y el tono adecuado para querer, perdonar, pedir perdón o resolver cualquier conflicto.


Si los más pequeños necesitan toda nuestra atención, a medida que van creciendo la siguen requiriendo igual o incluso más si cabe. Su mundo interior crece y se expande a pasos agigantados: surgen dudas, preguntas, tienen curiosidad por todo… Es una época de ilusión y descubrimiento, y hay que acompañarlos para ayudarles con nuestras respuestas, consejos o sugerencias.

También se amplían las fronteras de su mundo exterior. Cada vez conocen a más niños, se crean relaciones más complejas, y los sentimientos son más complicados de gestionar: comienzan a hacer sus “mejores amigos”, comparten pequeños secretos, surgen complicidades, hay que gestionar enfados, a veces mentiras, o una mala contestación,…

No siempre es fácil ir creciendo y expresar todo lo que les sucede en el día a día. Cada niño es diferente y los habrá que lo cuenten todo y hablen por los codos y otros que se lo guarden para sí mismos. Tú conoces a tus hijos y eres  quien mejor puede ayudarles a dar forma a sus sentimientos y a  sus pensamientos con palabras. Un buen momento para hablar y repasar cómo ha ido el día  puede ser a la vuelta del colegio, o por la noche durante la cena.

Cada uno puede exponer algo y demostrar que también los adultos podemos sentirnos tristes, preocupados, decepcionados, enfadados… También podemos encontrar un momento tranquilo durante el fin de semana, en algún rato de relax, o de camino a algún sitio, en el que podamos preguntarles por sus amigos, los profesores,….. ya que es una buena manera de poder ver dónde podrían, o pueden, surgir dificultades, y mostrarles además que estamos ahí para lo que necesiten. Sea lo que sea. Y eso es algo que les va a dar tranquilidad y seguridad.

A medida que van creciendo se terminan las rabietas, pero sus enfados van adoptando mayor consistencia y fundamento. Como padres, debemos gestionar estas situaciones con un diálogo en el que todas las partes seamos capaces de exponer nuestra posición  y postura al respecto ofreciendo soluciones para solventarlo. Los adultos tenemos conocimiento y experiencia  pero debemos de estar siempre dispuestos a negociar porque ellos, poco a poco, se van a ir formando como personas -con sus propios puntos de vista y forma de entender las cosas-, y nos van a reclamar actuar según sus propios intereses; por lo que para encontrar lugares comunes, todos tendremos que dialogar.

En esta etapa es muy importante que las normas de convivencia y de comportamiento en casa queden claras y todos sepan a qué atenerse. Habrá puntos que se podrán negociar y otros que no. Y cuando vayan creciendo, nuestras normas sobre horarios, salir fuera de casa, dedicar tiempo a una u otra actividad, habrán de ponerse sobre la mesa y hablar siempre que sea necesario. También deberán saber cuáles son las consecuencias de sus actos, cuando se extralimitan, cuando detectamos que se comportan mal o cuando tratan mal a los demás.

De 0 a 3 y de 3 a 6 años
De 6 a 12 y 12 a 16 años
De 16 a 18 años

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