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¿He perdido la Memoria?

La sensación de estar perdiendo la memoria suele ser frecuente en la vida de las nuevas madres y también en quienes tienen hijos una vez estos van creciendo y ocupando espacio en su corazón y en su cerebro. Pero… ¿es sólo una sensación o tiene algo de fundamento científico y de realidad? Algunos estudios sugieren que sí, que es algo tremendamente real a partir del primer embarazo y que no es algo de lo que haya que preocuparse.

 

Tener un niño pequeño en casa… o alguno más

Tener un hijo es un cambio muy importante en la vida. Marca un antes y un después en la línea vital y, en el caso de las madres, además, trae consigo multitud de cambios físicos y psicológicos.

La vida se llena de nuevas responsabilidades, preocupaciones, rutinas y los criterios que hasta ese momento habían regido el tiempo, el espacio, el concepto de ocio y de prioridad dan un vuelco de 180º. Como seres adaptables nuestra lista mental de tareas se reorganiza y, al menos durante los primeros meses, nada es como había sido hasta ahora, algo que debemos aceptar de forma natural conforme a la nueva situación que estamos viviendo.

 

Lo que dicen los científicos

El cerebro de la mujer sufre cambios durante el embarazo y con el nacimiento del primer hijo. Algunos autores hablan de una “poda sináptica”, cuyo objetivo es el de optimizar las funciones del cerebro, que se deshace de parte de la materia gris, para hacerlo más efectivo y centrarse en el objetivo principal y más importante: la supervivencia del nuevo bebé. Esto no significa en absoluto que se pierda inteligencia o las habilidades cognitivas sino, más bien al contrario, es una especie de “actualización” que tiene como función de optimizar las conexiones neuronales para poder ser mucho más eficientes. Otras teorías  explican el fenómeno de la pérdida de memoria por los cambios en la rutina la falta de sueño y el estrés que conlleva esta nueva situación.

 

Desbordamiento emocional y funcional

Estos cambios suponen además la eliminación de cosas que hasta entonces ocupaban espacio y que ahora ya no son tan importantes. Emocionalmente, y ante los cambios que acontecen, es normal sentirse abrumados y vivirlo como una pérdida de individualidad, pero tú no has desaparecido. Sigues ahí y vas a tener la oportunidad de recuperarte muy pronto. Poco a poco te irás adaptando a la nueva situación y el bebé y tú os iréis conociendo. Eso sí, vas a necesitar ayuda, compartir responsabilidades y emociones y empezar una etapa en la que la nueva persona que ha llegado a tu vida va a centrar todos tus esfuerzos y preocupaciones. No va a ser nada que tú no puedas hacer o que no haga la gente normalmente. Tranquilízate pensando que la maternidad y paternidad son una oportunidad de aprender y de crecer juntos y que tienes derecho a tener tu espacio en esa nueva vida.

 

Planificarse, ordenar y priorizar

Algo fundamental que debes tener en cuenta ante esta nueva situación es que ordenarse y planificar para facilitar las cosas es más importante que nunca. Aprende a exigirte lo necesario, sin buscar la perfección ya que si no generarás un estrés y una ansiedad que no os beneficiarán en nada ni a ti ni a tu familia. Y, aunque parezca un consuelo, lo del “tiempo de calidad” es una realidad.

Intenta no sentirte mal si no puedes llegar a todo ya que los sentimientos son algo que se transmite, se contagia y, además, este tipo de pensamientos no te/os hacen ningún bien.

Disfruta de lo que sí tienes e intentar no pensar en lo que no. Deshazte de aquello que no te aporta, de las tareas autoimpuestas y de todo lo que no te hace feliz o no es estrictamente necesario. Por ejemplo un humidificador último modelo no es algo imprescindible a menos que tu hijo tenga un problema concreto para respirar y te lo hayan indicado así. Piensa que hace un siglo también nacían niños y salían adelante.

Acepta que las cosas son como son, deja espacio para improvisar, date permiso para estar cansada y para dejar determinadas cosas para otro momento. Porque muchas veces la presión nos la ponemos nosotros mismos, sobre lo que creemos que tenemos que hacer, sobre lo que esperan los demás, sobre lo que viste en tu casa de pequeña… Recuerda que tu vida la vives y la decides tú, y si es imperfecta, es real, no lo olvides.

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