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La frustración no está tan mal…

La frustración es una emoción natural. Y que muchas veces las cosas no salgan bien a la primera algo de lo más normal. Además, en ocasiones, aprendemos más de nuestros errores, y de la propia frustración que estos conllevan, que de nuestros éxitos. Por eso, a través esta publicación de Cuida de Mí queremos hablarte de diferentes estrategias que pueden ayudar a los pequeños y a los jóvenes a desarrollar la resiliencia emocional necesaria para lidiar ante diferentes situaciones frustrantes teniendo en cuenta que no siempre se puede conseguir lo que se quiere. Que las cosas pueden no salir según lo planeado. Que nadie es perfecto, y eso está bien.  Y que el sentido del humor es una gran herramienta que podemos utilizar en estos casos y en otras muchas ocasiones.


Enseñar a los niños y niñas a ser pacientes -ya que esta también forma parte del aprendizaje- no es tarea fácil. La buena noticia es que con un poco de esfuerzo y de paciencia -también por nuestra parte- podemos lograrlo y, además, supondrá un gran avance para que los pequeños puedan comenzar a lidiar con la frustración.

Para ello, es muy importante que aprendan a expresar sus sentimientos porque esto les ayudará a comunicarse de una manera más efectiva. Si le enseñamos a usar las palabras adecuadas para describir cómo se sienten, en lugar de llorar o gritar, estarán dando un gran paso, a la vez que avanzan en su propio autoconocimiento, su asertividad y sus habilidades comunicativas.

Es necesario que aprendan a comprender que no siempre se puede conseguir lo que se quiere o en el momento en el que se desea. Mantente firme y ayúdalo a entender que habrá ocasiones en las que no será posible, o en las que tendrá que esperar o hacer un esfuerzo extra.

Tal y como comentábamos en el anterior rasgo de edad, permitámosles explorar y experimentar cosas nuevas, sin interrupciones, porque de este modo estaremos dándoles alas para que puedan desarrollar la tan necesaria paciencia, así como la perseverancia y, al hacer cosas por sí mismos, estaremos enseñándoles que el éxito no es siempre inmediato y que la constancia y el no rendirse a la primera son fundamentales. Esto les aportará la motivación necesaria para seguir probando, a la vez que les ayudará a desarrollar su resiliencia emocional. Descubriendo también que no todo es posible.

A esta edad podemos, por ejemplo, jugar con ellos a juegos de construcción o rompecabezas ya que estos requieren de tiempo y esfuerzo para poder completarse ayudándoles de este modo a trabajar la paciencia y la persistencia. Y resiste, por favor, la tentación de hacerlo tu por él. De encontrar esa pieza que no está viendo o de colocar aquellas que no sabe dónde van.

Desterremos, además, el “lo quiero aquí y lo quiero ahora” para evitar fomentar el efecto contrario a aquello que queremos conseguir -que puedan aprender a ser pacientes- y reforcemos aquellas situaciones en las que hayan podido esperar a conseguir aquello que querían.

Enseñémosles a aceptar los errores como parte del camino del aprendizaje, y tengamos siempre presente que la paciencia comienza por nosotros mismos, los adultos; quienes debemos tratar de ser un buen ejemplo a seguir.

Todo esto hará que puedan aprender a manejar la frustración y todas las emociones negativas que esta conlleva para enfrentarse a los desafíos de la vida, grandes o pequeños, ahora y en el futuro.

De 0 a 3 años
De 3 a 6 años
De 6 a 12 años
De 12 a 16 y de 16 a 18 años

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