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La vuelta a la “nueva normalidad”

Tras el confinamiento vivido desde que se declarase el Estado de Alarma llega la desescalada y la llamada “nueva normalidad”. Nueva porque es distinta a la normalidad que ya conocíamos, y normalidad porque nos acompañará durante un tiempo. Para estar seguros, como sociedad y de forma individual, tendremos que acostumbrarnos a ella y adaptarnos antes de que se encuentre la cura a una enfermedad que, lamentablemente, se ha llevado muchas vidas por delante y ha sembrado el caos en nuestro planeta.

Esta “nueva normalidad” se instala en un momento en el que la incertidumbre no es sólo cosa de adultos sino también de niños. Algo que concierne a todos porque aunque los niños  son los menos afectados en cuanto a gravedad por la COVID-19 como tal, pueden enfermar, contagiar y sufrir las consecuencias indirectas de esta situacion.

La nueva normalidad va a traer consigo muchos cambios en la vida cotidiana que, sin duda, van a afectar desde los más pequeños hasta los que están ya en la adolescencia. En el caso de los pequeños puede que, después de tres meses juntos, papá o mamá tengan que volver a su lugar de trabajo y que muchos, especialmente los que tienen un vínculo de apego muy fuerte, tengan que pasar nuevamente por el trauma de la separación que ya habían superado tiempo atrás. Ante ello, darles tranquilidad y mirar positivamente que esto significa que las cosas comienzan a estar bien puede ser la clave para que lo acepten, tanto ellos como los medianos y los más mayores. Eso, y que cada mañana sale el sol y cada día es una nueva oportunidad de estar juntos y disfrutar de la vida.

En esta nueva situación es maravilloso que los niños puedan salir a la calle sin horarios a respirar aire fresco, a que les dé el sol y a hacer ejercicio, pero no debemos olvidar que todo esto lo hacemos después de haberles convencido por activa y por pasiva de que no saliéramos de casa porque fuera había un peligro invisible que a saber cómo se habrán imaginado en su mente. No es de extrañar que algunos sientan ansiedad al salir, al margen de que hayan podido acostumbrase a la comodidad y a la seguridad de la casa -y a sus múltiples juegos- que ahora les puede costar abandonar.

Por otro lado, los niños ven que no pasa nada raro en la calle pero que ahora todos vamos con mascarilla… Hay muchas normas nuevas y extrañas y la mascarilla es incómoda y molesta, te hace súper consciente de tu respiración y, encima, da un calor horroroso ahora que está aquí el verano. Por lo tanto algo raro sí que sigue pasando y la gran pregunta en el aire es ¿entonces, no puede volver a ser todo como siempre? El concepto del tiempo es algo complejo para los pequeños y puede que lleguen a caer en la frustración por no poder hacer las cosas que hacían “antes” como era jugar en el parque con sus amigos, intercambiar juguetes o verse las caras los unos a los otros y también a los adultos. Ante esto, lo mejor, es dar ejemplo de tranquilidad, de asumir lo que pasa y de ayudarles a asimilar tanta información y nuevos sentimientos.

Para hacer que se den cuenta de que esto va en serio y que, les guste o no, las cosas van a seguir así durante un tiempo, debemos transmitirles que no están solos en esto, que estamos junto a ellos y que todos debemos adaptarnos y seguir las normas de esta nueva normalidad. Además hay que actuar en consecuencia para ser sus modelos a seguir, porque ellos copian e imitan lo que hacemos y no tanto lo que decimos. Por eso tenemos que tener mucha tranquilidad e intentar no transmitirles nerviosismo. Vamos a la calle o a los sitios a disfrutar, no a fastidiar la diversión ni a estar pendientes de cada movimiento. Proteger sí, sobreproteger no. Ejercicio físico y socialización, es necesario y podemos hacerlo en las condiciones adecuadas y con precaución. Y, a la vuelta, siempre mucha higiene y, en principio, así todo tiene que ir bien.

También sabemos que verán a personas que no cumplen las normas, que probablemente las cuestionarán, que intentarán negociar y que se enfadarán a veces si no se salen con la suya. Habrá que tener preparadas las respuestas y fijar unas normas que, sí o sí, tendrán que cumplir y que no pueden saltarse por su seguridad y, sobre todo, por la de los demás, y otras que igual podemos flexibilizar en determinadas circunstancias si no hay otras personas con nosotros o estamos en familia.

Si los niños son ya algo mayores, podremos implicarles convirtiéndoles en algo así como” la voz de nuestra conciencia”, algo que harán con sumo gusto. Su sentido de la justicia -sin escala de grises- les hará convertirse en defensores de la legalidad, algo que además nos conviene para que también ellos cumplan con lo establecido, eso sí, sabiendo que, seguramente, en determinados momentos nos harán soportar alguna que otra reprimenda si queremos reinterpretar alguna norma. Por otro lado, deberemos lidiar con las reuniones reducidas de amigos, la conveniencia o no de visitar a alguien en su casa y de cómo comportarnos juntos. Si la nueva normalidad, en determinadas situaciones, les provoca frustración tendremos que tirar del sentido del humor y sobre todo de la paciencia, con vistas esperanzadoras a un futuro que esperemos no sea tan lejano. Además esos valores también les van a ser útiles y les servirán en otros muchos momentos a lo largo de su vida.

En cuanto a los mayores, los adolescentes, el reto de la nueva normalidad es aún mayor: su rebeldía, por regla general, y su gran movilidad y autonomía les hace ser uno de los principales focos de contagio. Aunque racionalmente lo entienden todo muy bien, en la práctica les puede verse las caras sin mascarilla, recuperar el tiempo perdido de encuentros… y eso les hace vulnerables a ellos y a sus familias. Por eso debemos hablarles de la forma más clara posible: esto no ha terminado aún y no pueden hacer como si no pasase pasa nada. Y si salen de casa con mascarilla y se la quitan deben existir consecuencias estrictas, manteniéndolos y manteniéndonos, además, alejados de los mayores. Hacerles ver que hay que tomarse en serio la situación porque todo lo que el coronavirus puede traer consigo.

Educar es una labor de equipo, de la familia y también de toda la sociedad. Rodéate de personas que sabes que hacen y harán lo correcto y lo que está bien para que el ejemplo sea lo que cunda a su alrededor. Es una cuestión de cuidarnos todos y de ser conscientes de nuestro papel ante esta situación, para ser un apoyo en la solucion y no victimas o transmisores. Todo esto es para que todos estemos bien… y es algo que seguro vamos a conseguir.

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