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Los límites



Poner límites es necesario, ya que saber cómo actuar y hasta dónde se puede llegar establece un marco seguro de referencia con el que es fundamental contar a cualquier edad. Por eso es importante que tanto niños, como adolescentes, entiendan que la convivencia consiste en saber cómo comportarse en base a unas normas -algunas escritas e incluso legisladas, y otras que apelan al sentido común, al respeto y a la tolerancia- para que todos podamos vivir en paz y en armonía.

Tanto como cuando son pequeños, como cuando crecen, los niños van a intentar en más de una ocasión traspasar los límites. Es normal: son niños y quieren probar cosas y experimentar nuevas vivencias. Además, el marco de referencia no siempre es el mismo, como por ejemplo cuando están con sus padres, o cuando están con sus abuelos. Eso sí, sea cual que sea, es importante saber que si no tuviesen límites serían ellos quienes decidirían hasta dónde llegar y cómo y todavía, a su edad, es una responsabilidad que no les corresponde.


Cuando los chicos llegan a la adolescencia ya tienen claras cuáles son las normas y límites que deben respetar: referente a los horarios de casa, a la convivencia en familia, a las tareas relacionadas con la escuela, a las cosas que pueden y no pueden hacer… Por ello, cuando las infringen son conscientes de las consecuencias que conllevan y, además, tienen que explicar por qué se las saltaron y si eran conscientes de que no debían hacerlo.

Esas consecuencias, que no castigos, no pueden afectar a sus derechos ni cosas básicas como la alimentación, la ropa o calzado que necesiten, el material escolar que tengan que llevar al colegio… pero sí a los privilegios. Si no respetan las normas los padres están en su derecho a no comprarles o no darles dinero para esa camiseta que tanto les gusta, pero que no necesitan, o a no dejarles ir a la fiesta de un amigo.

Es mejor que las consecuencias que asuman no estén relacionadas con el tema de la escuela: hacer más deberes, dedicar más horas de estudio, repasar los apuntes… Ir al colegio y hacer las tareas que implican las diferentes asignaturas no debe asociarse a algo negativo. Ir a la escuela y aprender es un derecho y un privilegio.

Las consecuencias de su conducta también deberían compensar y relacionase con la causa. Tener un retorno para todos. Algo que pueda hacer bien a los demás. Así, por ejemplo, si se han comido ellos solos cosas que tenían que compartir con toda la familia, deberían encargarse de ayudar a hacer la compra varios días seguidos; o si han utilizado algo de sus padres o de sus hermanos que no debían sin permiso, deberían poner a disposición de la familia algo preciado para ellos de modo que todos puedan compartirlo.

Como padres hay que estar atentos en todo momento. Esta etapa es el entreno y la preparación para la mayoría de edad. A partir de entonces, las consecuencias pueden tener implicación legal, y llevar un castigo asociado del que solo ellos van a hacerse responsables y, en definitiva, siempre es mejor hacer el trabajo por adelantado.

De 0 a 3 años y de 3 a 6 años
De 6 a 12 años
De 12 a 16 y de 16 a 18 años

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