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¿Niños difíciles?

Cada niño y cada niña es un mundo desde que el momento en que nace y algunos, ya desde el inicio, muestran una personalidad algo más compleja. En ocasiones puede tratarse de una simple cuestión de concentración o calma y, otras, de una menor tolerancia a no conseguir lo que necesitan, o una necesidad más grande que los demás de recibir atención. Los casos son tan diversos que no hay recetas, ni libros, ni consejos infalibles. Cada persona es única y solo la experiencia y el cariño incondicional, paciente y comprensivo, pero firme en los límites, nos ayudarán en nuestro día a día.


Si los niños “complicados” suelen llaman la atención en la infancia, al llegar la adolescencia, cuando la rebeldía es natural ya para todos de por sí, esto se potencia en ellos y nos encontramos con complicaciones aún de mayor alcance. Ante esto, debemos mantener nuestra posición y recordarles que nosotros somos los adultos y quienes tomamos las decisiones por su bien y por el de la familia. No podemos ceder ante sus estrategias o demandas, ni ponernos a su nivel, entrando en pulsos o espirales de “a ver quién manda aquí”. Lo más maduro es decir “esto se acaba aquí” y mantenernos firmes en nuestras posturas si creemos que son las más adecuadas.

Apostar por destacar lo positivo, subrayando lo que hacen bien, y por dialogar, explicándoles claramente lo que se espera de ellos es fundamental. Marcar qué no se va a permitir y qué consecuencias traerá consigo también es importante. Y en cuanto a éstas, deben ser proporcionadas y no alargarse en el tiempo, porque muchas veces, al final, ni se recuerda por qué se pusieron. Lo ideal es que estén relacionadas con un “recorte” de privilegios y no con actividades  positivas para su salud o educación.

Y, conforme se vaya acercando a la mayoría de edad, aunque sigan inmersos en una larga adolescencia típicamente rebelde, deberían ser capaces de controlar mínimamente sus impulsos, razonar y comunicarse. Y, si no saben cómo, no es tarde para establecer unas pautas adecuadas: escuchar y ser escuchados por turnos, dialogar, llegar a consensos sin usar el enfrentamiento, buscar los puntos en común (aunque sean, o puedan parecer, pocos) y generar dinámicas de familia saludables, haciendo cosas juntos que nos unan.

A veces es importante saber qué batallas debemos luchar y cuáles dar por perdidas en pos de un mayor beneficio final. Quizás no es tan importante que tengan el cuarto desordenado, pero sí saber dónde están por la noche. Tenemos que evaluar los puntos de fricción principales: las salidas con los amigos, los hábitos diarios, el uso de la tecnología o los videojuegos, el consumo de alcohol, el rendimiento escolar o las malas respuestas. No todo tiene la misma categoría, debemos de fijar límites y consecuencias si se traspasan, proporcionales, y no negociables. No vale imponer una consecuencia que levantemos a la media hora, o cosas que no cumpliremos, porque esto nos hará perder credibilidad.

El trastorno de oposición desafiante, si no se trata adecuadamente, puede arrastrarse hasta la vida adulta y generar dificultades en sus habilidades para relacionarse con los demás, desde los compañeros a los profesores a las amistades y los compañeros de trabajo. Dedicar tiempo, cariño, paciencia y altas dosis de asertividad, combinadas con el consejo de un experto, serán claves para conseguir manejar las personalidades complicadas.

De 0 a 3 y de 3 a 6 años
De 6 a 12 años
De 12 a 16 y de 16 a 18 años

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