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¿Niños hiperactivos o simplemente movidos?

La hiperactividad en los niños es una afección que afecta entre un a 2% – 5% de la población infantil. Más frecuente en niños que niñas y, normalmente, de carácter hereditario -en la mayoría de las ocasiones se registran casos previos en madres, padres o en parientes cercanos- suele conllevar movimiento o actividad constante, así como dificultad para concentrarse y para controlar los impulsos.

Cuando hablamos de TDHA nos estamos refiriendo al funcionamiento del cerebro de una manera un poco diferente a la del resto, por eso creemos que es importante saber a qué nos referimos cuando hablamos de este trastorno, y a qué no, y qué podemos hacer para intentar mejorar nuestro día a día, ya que vivir al lado de un niño cuyo movimiento parece no tener fin puede resultar realmente agotador, más cuando los síntomas interfieren en diferentes ámbitos de su vida como el escolar, el emocional o el social.


Entre un 30% y un 65% de los afectados por TDHA o trastorno por déficit de atención con hiperactividad continuará teniéndolo en la edad adulta. Si bien la parte más motora se atenúa con el paso del tiempo, la dificultad para concentrarse o la impulsividad suelen permanecer como un rasgo distintivo de su personalidad.

El paso a la edad adulta de las personas con TDHA les exige disciplina para afianzar al máximo las rutinas que les permiten controlar la ansiedad y normalizar al máximo su vida. En su caso, tanto o más si cabe como les ocurre a los demás, merecerá la pena que se dediquen a algo vocacional o que estudien aquello que les apasiona y les motiva, porque será un aliciente por el que esforzarse y en el que poder concentrarse.

Por otro lado, van a tener que aprender a superar la frustración de que las cosas no pasen a la velocidad que le gustaría y de que los demás no sean capaces de comprenderles si sólo les conocen a nivel superficial, quedándose con la primera impresión que les provoca su comportamiento impulsivo.

Saberse hiperactivo es sentirse etiquetado sí pero por otro lado tiene la ventaja, frente a quien no sabe que lo es, que puede dar explicación al hecho de ser olvidadizo o desorganizado y poner remedio o pautas desde la infancia y la adolescencia mejorando -y mucho- sus probabilidades de comprender por qué y sentirse conformes, felices y realizados como personas.

De 0 a 3 y de 3 a 6 años
De 6 a 12 años
De 12 a 16 años
De 16 a 18 años

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