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Cómo promover la creatividad

La creatividad es la inteligencia divirtiéndose, decía Einstein. El “estar en forma” de la mente, que combina la agilidad mental, con la introducción de variables emocionales, la capacidad de resolver conflictos, de plantear alternativas y de tomar decisiones acertadas y distintas. De ser original e innovador.

Un valor en alza en un mundo en constante cambio en el que lo que hoy vale, mañana está obsoleto. La buena noticia es que ésta se cultiva y que se puede desarrollar con una buena educación creativa.


Pensar por sí mismo

Como comentábamos en el rango de edad de los 0 a los 3 años la curiosidad  es el ingrediente básico para una mente creativa. Eso que nos ha hecho avanzar y evolucionar como especie y que está en nosotros desde el momento en que nacemos.

La adolescencia es buen momento para seguir buscando la inspiración. Para beber de muchas fuentes. Para descubrir lo que otros hicieron antes y, después, encontrar su propia voz, contando con los elementos necesarios, para seguir su propio camino. En términos artísticos es, por ejemplo, lo que hicieron Picasso o Miró… primero pintar como otros artistas para luego crear su propio estilo.

Igual que pasa al elegir colegio, es importante que, si cambian en esta etapa, el instituto o centro de secundaria dé valor a estos aspectos. Que los anime a ver más allá de lo establecido y a pensar diferente.

Cambiar de escenario, conocer sitios en nuestra propia ciudad, viajar, ver cómo se hacen las cosas en otros lugares, y obligar al cerebro a no seguir la inercia, como apuntamos en los 6 a 12 años, también es importante ya que propicia que la creatividad florezca.

Además hay que tener en cuenta que la creatividad no puede desligarse de otros dos valores que, a menudo, se consideran opuestos como son el esfuerzo y la experiencia. Las horas “invertidas” en aquello que nos apasiona. Como decía Picasso, la inspiración te tiene que encontrar trabajando. Por eso, hay que ejercitarse para perfeccionar la chispa creativa. Los japoneses le dedican una vida a esa pasión unida al perfeccionamiento y le dan una categoría de camino vital, llamado “ikigai”.  Lo ideal es que los niños o adolescentes encuentren la suya y que cuando crezcan puedan seguir desarrollando su creatividad durante toda la vida adulta, en cualquier ámbito, sin perder de vista al niño que todos llevamos dentro.

Buscar nuevas formas de hacer las cosas para incorporarlas en su vida y hacerlas suyas: desde cocinar a diseñar un objeto, mejorar la contabilidad o encontrar formas de llegar a los clientes, llevado al mundo empresarial.

Los jóvenes pueden instaurar hábitos que las personas creativas implementan en su día a día, que van desde llevar a mano siempre algo donde apuntar (y no esperar a que se escapen las ideas), cambiar de ambiente para desconectar de vez en cuando, aceptar retos asumibles, probar cosas nuevas y no dejar de leer e impregnarse de documentales, películas o series que les conecten con la creatividad de otros. También tienen que aprender a crear momentos y espacios sin autocensura, en los que valga todo dicho en voz alta, basados por supuesto en el respecto, sin miedo a quedar como ilusos o de que no sean lo suficientemente buenos ya que la creatividad  y la libertad van de la mano.

De 0 a 3 años
De 3 a 6 años
De 6 a 12 años
De 12 a 16 y de 16 a 18 años

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