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Cómo promover la creatividad

La creatividad es la inteligencia divirtiéndose, decía Einstein. El “estar en forma” de la mente, que combina la agilidad mental, con la introducción de variables emocionales, la capacidad de resolver conflictos, de plantear alternativas y de tomar decisiones acertadas y distintas. De ser original e innovador.

Un valor en alza en un mundo en constante cambio en el que lo que hoy vale, mañana está obsoleto. La buena noticia es que ésta se cultiva y que se puede desarrollar con una buena educación creativa.


Todas las inteligencias, la inteligencia

En la infancia, uno de los mayores tesoros que existe es el de la curiosidad y, desde Cuida de mí, pensamos que hay que cultivarlo con el mayor mimo posible. Por eso, contra la apatía o la rigidez mental, en caso de manifestarse, debemos de ofrecer a los niños oportunidades para que puedan seguir aprendiendo y motivarles para continuar despertando su curiosidad y que puedan seguir descubriendo el mundo que les rodea. Cambiar de escenario, conocer sitios en nuestra propia ciudad, viajar, ver cómo se hacen las cosas en otros lugares, y obligar al cerebro a no seguir la inercia ya que esto hace que la creatividad florezca.

Muchas veces tendemos a pensar en la creatividad vinculada al arte, la música e incluso la literatura pero no a las matemáticas o a la motricidad, cuando la creatividad puede estar ligada a cualquier ámbito. En este sentido cabe recordar la teoría del psicólogo e investigador americano Howard Gardner sobre las inteligencias múltiples, que distingue en las personas distintas inteligencias o facetas en las que pueden ser excelentes, y que sobrepasa a las clásicas en las que la educación formal se han basado durante décadas. Él, junto a sus colaboradores, describen hasta doce:

Lingüístico-Verbal. Consiste en la dominación del lenguaje.

Lógico-Matemática. Capacidad de conceptualizar las relaciones lógicas entre las acciones o los símbolos.

Visual-espacial. Capacidad de reconocer objetos y hacerse una idea de sus características.

Musical-auditiva. Capacidad para reconocer los caracteres del sonido.

Corporal-Kinestésica. Capacidad para coordinar movimientos corporales.

Interpersonal. Capacidad de la empatía, y de entender la elección de las amistades, pareja, etc.

Intrapersonal. Habilidad de conocerse a uno mismo, por ejemplo sus sentimientos o pensamientos, etc.

Naturalista. Sensibilidad que muestran algunas personas hacia el mundo natural.

Emocional. Mezcla entre la interpersonal y la intrapersonal.

Existencial. Meditación de la existencia. Incluye el sentido de la vida y la muerte.

Creativa. Consiste en innovar y crear cosas nuevas.

Colaborativa. Capacidad de elegir la mejor opción para alcanzar una meta trabajando en equipo.

Por ello generar oportunidades para descubrir sus inteligencias, su talento y su pasión serán vitales para que el niño se sienta motivado y valioso y pueda desarrollarse con toda la creatividad posible a su alcance.

Otro aspecto importante a esta edad consiste en enseñarles a pensar con los dos hemisferios cerebrales, el llamado “pensamiento lateral”. De solucionar problemas de forma imaginativa. Se puede aplicar a la resolución de conflictos. A analizar las situaciones en su conjunto, desde otro punto de vista, o con flexibilidad y rapidez para cambiar las reglas o ver posibilidades de mejora. Aspectos creativos también muy valorados en el mundo actual. Esta forma de pensar, en el caso de la educación infantil, se puede potenciar dejándoles libertad para equivocarse, para plantear soluciones imaginativas sin censura, por locas que parezcan, relacionando conceptos aparentemente dispares para inventar, crear o, sencillamente, reír de pura creatividad.

De 0 a 3 años
De 3 a 6 años
De 6 a 12 años
De 12 a 16 y de 16 a 18 años

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