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¿Qué hago con este enfado?

El enfado es una emoción que demuestra que, como seres racionales, tenemos sentimientos, ideas y pensamientos propios  que en ocasiones pueden hacernos sentir contrariados en nuestra relación con los demás, y con el que debemos de tener  cuidado para no quedar atrapados en él, tal y como les sucede a determinadas personas que parecen vivir en un permanente estado de enfado.

Está claro que las cosas no son, ni van a salir siempre, como nos gustaría que fuesen, pero debemos intentar ser positivos y optimistas y ver el vaso medio lleno y, si nos enfadamos, contar hasta diez, respirar profundo y darle la vuelta al conflicto. Porque la satisfacción de resolver las cosas nos hace crecer en autoestima y, a su vez, nos ayuda a madurar como personas.


Enfadarse tiene que ver con sentir que una necesidad que tenemos no queda satisfecha y, también, cuando pensamos que llevamos la razón en alguna cuestión y los demás no están de acuerdo con nosotros. Sin embargo cualquier enfado es siempre cuestionable ya que, como en todo, existen diferentes puntos de vista, así como distintas perspectivas desde las cuales podemos abordar o afrontar las situaciones.

Cuando los niños llegan a la adolescencia y comienzan a tener una mayor capacidad de reflexión y razonamiento, debemos  enseñarles que, siempre que sea posible, lo mejor es intentar prevenir los enfados. Es importante que aprendan  a verlos venir y a poner medidas antes de que se generen conflictos. Y no tienen por qué avergonzarse de sentirse así, porque si les pasa es porque lo que está ocurriendo es importante para ellos. Por eso, lo mejor es no dejar pasar las situaciones e intentar solucionarlas lo antes posible de manera directa: me siento mal cuando dices eso, o me hace daño tal o cual cosa, o este comportamiento que tienes me hace sentir enfadado… Así los demás también podrán tenerlo en cuenta y, entre todos, colaborar en la prevención.

En ocasiones, sin embargo, las hormonas son poderosas, y aparecen los enfados y la ira. También entonces hay que mostrarles cómo lidiar con estas situaciones y ayudarles a que puedan contar con técnicas y herramientas que les sirvan para relajarse, reconocer los síntomas físicos y mentales y saber poner freno. Funciona  fenomenal cambiar de pensamientos, alejarse, ver al otro como un igual con sus defectos y virtudes, introducir el razonamiento y aprender a negociar, proponer alternativas, disculparse si es lo correcto, mediar, ceder …

Tenemos que hacerles ver que cuando se enfadan mucho y pierden los papeles su credibilidad queda “mermada” y se ven obligados a pedir perdón por las formas, aunque tengan la razón. Si la verdad está de su parte es importante que aprendan a decir las cosas con la seguridad, la tranquilidad y el sosiego de quien tiene la razón. Finalmente, también hay que tener en cuenta que no podemos decirles nada acerca de todo esto si nosotros no damos ejemplo, ya que pueden decirnos, y con razón, que no somos las personas más adecuadas para enseñarles algo que no sabemos poner en práctica. Y, si realmente es así, siempre nos queda la opción de decirles que intentaremos aprender junto a ellos, ya que no lo hicimos cuando realmente era importante, que es a su edad.

De 0 a 3 años y de 3 a 6 años
De 6 a 12 años
De 12 a 16 y de 16 a 18 años

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