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Sobreprotección a raya

Es un hecho que para que los niños y niñas puedan crecer y desarrollarse de forma integral y plena, además de tener sus necesidades básicas cubiertas, deben de recibir mucho amor y protección para, de este modo, sentirse seguros y confiados para explorar el mundo que los rodea y relacionarse con su entorno de una forma adecuada que incida en su correcto desarrollo emocional.

La cuestión está en ¿cuánta es la protección idónea para no caer en la sobreprotección? sabiendo que esta conlleva un menor nivel de autonomía, así como mayor dificultad para enfrentarse a los problemas del día a día que se les plantearán a los niños, niñas y jóvenes a lo largo de su vida -incluyendo la edad adulta-.

Está en nuestra mano proteger adecuadamente sin caer en un exceso que reste su confianza y autonomía.


Esta es una etapa fundamental en el proceso de autonomía, porque aunque los niños y niñas son todavía pequeños ya pueden comenzar a comprenderte mejor, al igual que tú a ellos. Además, empezáis a conoceros, lo que hace que puedas tener en cuenta su carácter y saber cómo pueden llegar a afectarle las cosas o afrontar determinadas situaciones.

Uno de los puntos clave es, en las ocasiones en que se produzca, aprender a soportar el llanto injustificado, las pataletas o la frustración que se manifiesta en forma de gritos y/o lágrimas. Muéstrale tu comprensión, dile que entiendes que se enfade o que se entristezca pero que eso no impida que gestione la situación y sus emociones contigo a su lado, pero sin que tú lo resuelvas si está en su mano el poder hacerlo. Es importante tener en cuenta que ceder por nuestra parte se guarda para determinadas ocasiones ya que es fundamental que aprendan que no siempre podrán conseguir todo aquello que deseen.

De cara a empezar a fomentar la tan necesaria autonomía es importante, según vayan creciendo y aumentando sus habilidades, que puedan comenzar a ducharse solos, al principio bajo tu supervisión. También que al inicio de esta etapa puedan comer sin ayuda asegurándote que los pedazos sean siempre a su medida. Ya verás cómo cada vez lo irán haciendo mejor.  Además puedes dejar que colaboren en pequeñas tareas como llevar los cubiertos a la mesa, estirar su cama -dentro de su medida- y elegir contigo por la noche lo que se pondrán al día siguiente. Levantaos con tiempo para que puedan vestirse solitos, aunque sea algo más lento al principio, sabiendo que hay que darse prisa porque el tiempo no es eterno, y menos por las mañanas. Estamos seguros que se sentirán importantes porque le dejas hacerlo, porque se “hacen mayores” y porque comparten el mundo de los adultos de alguna manera.

De 0 a 3 años
De 3 a 6 años
De 6 a 12 años
De 12 a 16 años
De 16 a 18 años

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