Todos nos podemos equivocar

Aprender a manejar los errores desde la infancia es algo de vital importancia. Asumir las consecuencias que estos puedan conllevar y descubrir su parte positiva, convirtiéndolos a su vez en oportunidades de mejora, es un maravilloso “ejercicio” que contribuye, además, a fomentar la resiliencia de los pequeños, adolescentes y jóvenes.
A nosotros, como adultos, nos corresponderá enseñarles la virtud de la paciencia, el diálogo y la negociación, desde el respeto y la consideración hacia los demás, ayudándoles a dimensionar y a relativizar las situaciones difíciles, así como a responsabilizarse de sus errores.
Como comentábamos al inicio de esta publicación, enseñar a los niños, niñas, adolescentes y jóvenes a lidiar con la frustración es una habilidad muy valiosa que deberemos fomentar en su día a día para que puedan aprender a defenderse ante los obstáculos que se encontrarán en el camino.
Premiar o castigar el éxito o el fracaso puede llegar a generar un miedo excesivo a cometer errores y a evitar que se arriesguen, algo totalmente imprescindible en su proceso personal de crecimiento y aprendizaje. En lugar de enfocarte en los errores enséñales a que puedan verlos como oportunidades de aprendizaje y de mejora, porque de los errores también se aprende, y mucho. Una técnica muy efectiva consiste en hacerles repetir la frase “todos nos equivocamos” ya que esta les ayudará a internalizar la idea de que cometer errores es normal y no algo de lo que avergonzarse. Eso sí, sin quitarle importancia a sus sentimientos, reconociendo que a nadie le gusta fracasar pero que no debemos hacer un drama de ello. Enseñémosles que en la vida hay curvas de aprendizaje, horas de vuelo, tiempo de entrenamiento… y que sin todo eso no se llega nunca a dominar ninguna disciplina.
Seamos también un buen modelo a seguir. No basta con decir las cosas: deben verlo en nosotros, ya que aprenden observándonos, no escuchándonos. Intentemos no hablar mal de las personas que cometen errores o que se equivocan como si esto fuese algo negativo. En su lugar, mostremos una actitud positiva siendo tolerantes, actuando con calma, sin perder los nervios y buscando soluciones. Lo importante no es ser perfecto sino mejorar cada día. Celebremos los esfuerzos y los progresos, no solo los resultados, para que ellos puedan mantener una actitud sana ante los errores y las dificultades estando dispuestos a enfrentar la vida con confianza y optimismo.