Todos nos podemos equivocar

Aprender a manejar los errores desde la infancia es algo de vital importancia. Asumir las consecuencias que estos puedan conllevar y descubrir su parte positiva, convirtiéndolos a su vez en oportunidades de mejora, es un maravilloso “ejercicio” que contribuye, además, a fomentar la resiliencia de los pequeños, adolescentes y jóvenes.
A nosotros, como adultos, nos corresponderá enseñarles la virtud de la paciencia, el diálogo y la negociación, desde el respeto y la consideración hacia los demás, ayudándoles a dimensionar y a relativizar las situaciones difíciles, así como a responsabilizarse de sus errores.