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Un verano para hacerse mayores

El verano es un momento vital en la vida de los niños. La rutina escolar desaparece y tienen la oportunidad de conocer nuevos amigos, de aprender un montón de cosas nuevas jugando, de mucha actividad física y de asumir nuevos retos que harán que puedan llegar al inicio del curso escolar habiendo dado un paso de gigante físico y de madurez. Son tan solo tres meses, al igual que cualquier otro trimestre escolar pero, en cierto modo, es como si el sol y el aire libre obraran milagros y, de pronto, se hiciesen mucho más mayores.


Para los jóvenes, ya casi adultos, el verano es un tiempo muy esperado por lo ya experimentado durante su infancia y adolescencia. Es momento para divertirse, relacionarse y lanzarse a descubrir mundo. Aunque a ello vaya parejo, por la actual situación en la que nos encontramos debido a la COVID 19, la frustración generada por el cierre o la distancia impuesta a las relaciones y al movimiento, que están deseando superar y, a veces, trasgredir aunque suponga poner en peligro su propia seguridad y la de los demás. Es difícil para ellos renunciar a conciertos, fiestas, terrazas… después de un año asumiendo reglas y “privaciones” en cuanto a la cercanía con los demás, pero deben de ser conscientes del peligro que esto supone, estar a la altura de las circunstancias y comportarse de manera adulta y responsable.

Éste sería el momento de viajar, de hacer intercambios, campus deportivos o de trabajo e incluso de probar alguna pequeña experiencia laboral temporal. Aunque estas actividades van a resultar más complejas de organizar sí que tenemos que tener en cuenta que siguen estando accesibles las sustituciones y los trabajos de verano, los canguros y las clases particulares (todos ellos con la protección necesaria), y menos es nada…

Podemos ofrecerles opciones para estar con sus amigos pero reduciendo el número de los grupos: no tienen por qué ser quince en una fiesta pero sí cuatro de su grupo “burbuja”. O acercarse a otros en el lugar de veraneo sin que tengan por qué estar en un ambiente multitudinario.

Del verano pueden surgir nuevos amigos, pandillas del pueblo o, del lugar donde os encontréis pasando las vacaciones, y hasta algún primer amor de verano. Es, sencillamente, el despertar de unos sentidos que estaban dormidos y que ahora cobran valor e importancia en sus vidas. Ellos ya no son una extensión nuestra sino ellos mismos y el verano se convierte en tiempo para descubrirse y disfrutar de su juventud sin preocupaciones. El amor de verano es una forma de experimentar atracción, habilidades para gustar, la química del encuentro. Una forma de sentirse reconocido y valorado de forma única y especial por el otro. Eso sí, es instantáneo, intuitivo y casi irracional, marcado por la avalancha hormonal de esta etapa.

Por último recalcar que pronto, tras el periodo estival, tendrán que asumir nuevas responsabilidades, según el camino que hayan decidido emprender: seguir formándose o comenzar su futuro laboral y asumir los nuevos compromisos que la mayoría de edad conlleva.

De 0 a 3 años
De 3 a 6 años
De 6 a 12 años
De 12 a 16 años
De 16 a 18 años

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