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Vivir a través de los hijos

Si eres padre o madre sabrás que es prácticamente inevitable no tender a generar expectativas sobre los hijos. Como también lo es crearlas sobre las personas con las que nos relacionamos y/o a las que queremos. Por eso, siempre, debemos de tener en cuenta cómo construimos dichas expectativas, cómo nos afectan y, sobre todo, cómo les afectan o les pueden afectar a los niños.

Creamos, por encima de todo, en sus posibilidades, en sus talentos y en las personas que pueden llegar a convertirse. Intentemos no sobreprotegerlos, ni proyectar nuestras propias frustraciones, si las tenemos, así como respetar su individualidad.


Elegir una profesión o una formación específica es uno de esos momentos en los que pueden existir más presiones y ponerse en evidencia las expectativas de los padres.

Por mucho que creamos, como comentábamos en el rango de edad anterior, que seguir formándose es la mejor opción para labrarse un futuro, esto puede que no vaya acorde con sus intereses o con sus capacidades. Se abren distintas obciones formativas que son válidas profesionalmente. Ayudémosles en la medida de lo posible y pidámosles que se esfuercen al máximo en aquello que deseen ser para que estén lo mejor preparados posible para desarrollarlo con éxito en el futuro.

Desde Cuida de Mí, como en anteriores edades, recalcamos que cada niño y cada niña es una persona única y especial con derecho a ser él mismo o ella misma. Dejémosles que muestren su personalidad y sus talentos, sus gustos y su individualidad. Que elijan aquello que deseen, apoyándoles en sus decisiones.

Creamos en ellos y en sus capacidades y, más allá del ámbito académico, estemos a su lado y expresemos nuestra más sincera opinión sobre lo que pensamos.

Y  sí hay cosas que no nos acaban de gustar, digámoslas, sin herir. Porque ahora, y en el futuro, somos las personas que velaremos por su bienestar. Pero teniendo en cuenta que ellos ya cuentan con la capacidad suficiente para razonar y decidir sobre asuntos que les atañen. Tienen derecho a equivocarse y, en realidad,  toda la vida por delante para acertar. Eso sí, guiándoles y aconsejándoles cuando creamos que algo no es lo adecuado pero permitiéndoles cometer errores porque los fracasos no son una derrota sino un aprendizaje para seguir adelante y poder mejorar.

De 0 a 3 años
De 3 a 6 años
De 6 a 12 y de 12 a 16 años
De 16 a 18 años

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