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Vivir a través de los hijos

Si eres padre o madre sabrás que es prácticamente inevitable no tender a generar expectativas sobre los hijos. Como también lo es crearlas sobre las personas con las que nos relacionamos y/o a las que queremos. Por eso, siempre, debemos de tener en cuenta cómo construimos dichas expectativas, cómo nos afectan y, sobre todo, cómo les afectan o les pueden afectar a los niños.

Creamos, por encima de todo, en sus posibilidades, en sus talentos y en las personas que pueden llegar a convertirse. Intentemos no sobreprotegerlos, ni proyectar nuestras propias frustraciones, si las tenemos, así como respetar su individualidad.


Cuando los pequeños empiezan el colegio y comenzamos a ver su desempeño escolar, en muchas ocasiones, seguimos proyectando y comparando casi sin querer  -como comentábamos en la edad de 0 a 3 años- con ese, por ejemplo, “es como tú o como yo” que suele decirse. O cuando esperamos que hagan aquello que nosotros no conseguimos o no pudimos hacer.

Si bien es cierto que la genética está ahí e innegablemente influye, nunca sabremos con certeza su relevancia. Por eso, desde nuestro punto de vista, lo más recomendable es escuchar a sus maestros, que les conocen y tienen la experiencia de ver, año tras año, a muchos niños. Trabajemos en conjunto y complementemos la información que nos ofrecen sobre cómo son en clase, con el grupo y con lo que vemos en casa para así poder tener una imagen completa y trazar expectativas realistas, y siempre positivas, sobre ellos.

Si es el momento de empezar a escoger extraescolares, asegurémonos que les ofrecemos un amplio abanico de elecciones para que puedan probarse a sí mismos, elegir lo que realmente les gusta y les motiva y que no cumplan con ser ese músico o pintor que nosotros quisimos ser o ese deportista frustrado que llevamos dentro. Esa parte del día está hecha para que disfruten, para descubrir áreas de talento que no tienen oportunidad de ver en otros momentos y para descartarlas si no les convencen. Hagamos que las extraescolares tengan verdadero sentido y que merezcan la pena para ellos.

Como decíamos en la edad de 0 a 3 años cada niño y cada niña es una persona única y especial, no un puzle hecho con trocitos de otros, con derecho a ser diferente. Por eso, dejémosles que muestren su personalidad y sus talentos, sus gustos y su individualidad, sorprendiéndonos, aceptando las diferencias y celebrando lo que las cosas nuevas nos aportan.

De 0 a 3 años
De 3 a 6 años
De 6 a 12 y de 12 a 16 años
De 16 a 18 años

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